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Posibilidades de un mundo sin violencia contra las mujeres

26 noviembre, 2020 | 0 Comments

Autoras: Trabajadoras humanitarias de Casa Refugiados

 

Cómo olvidar el último fin de semana previo al comienzo de este confinamiento. Un 8 de marzo inolvidable para México y para el mundo, en donde millones de mujeres marchamos exigiendo justicia y levantando la voz por las que ya no están, por las que están, pero pareciera que no tienen voz frente a una sociedad patriarcal, exigiendo libertad, respeto, el cumplimiento de nuestros derechos y buscando levantar la voz desde cada rincón del mundo para hacer frente a las diversas violencias que día a día vivimos las mujeres.

Hoy, 25 de noviembre, a días de concluir el 2020, es claro que el año ha sido retador en distintas esferas, comenzando por el desafío mundial de procurar la salud ante la presencia del SARS-CoV-2 e implementar desde cada rincón del mundo los medios posibles para prevenir su transmisión, enfrentando así meses de resguardo en casa ─quienes pudieron hacerlo y mantenerlo─. Desde la resiliencia, este período nos invitó, además, a reorganizar las prioridades, a valorar aspectos que antes no conocíamos y a reflexionar sobre el cuidado de la salud, los vínculos, el impacto en el medio ambiente, y nos reiteró que, para enfrentar esta pandemia, la respuesta era colectiva no individualista; es desde la solidaridad, la empatía, desde la potencia colectiva, la actividad política de cada una, desde el modo de resistencia que nos han enseñado las mujeres, niñas, adolescentes, mujeres trans, mujeres indígenas, mujeres lesbianas en movilidad, que se busca una alianza para defender violaciones sistemáticas de derechos humanos y el cese a la violencia de género.

Además de la incertidumbre, el estrés o la fatiga asociada al confinamiento, el transcurrir de los meses evidenció la innegable desigualdad y los amplios retos que se viven en nuestro país en cuanto al acceso a derechos para todas las personas, visibilizando que las mujeres frente a esta pandemia vimos acrecentadas las problemáticas, siendo el recrudecimiento de la violencia en contra de las mujeres y niñas una de las más dolorosas, pues a lo largo de este tiempo el estar en confinamiento ha representado para nosotras que el hogar no solo no ha sido un espacio seguro, sino ha constituido un escenario en el que las violencias se han multiplicado, haciendo más amplios los retos de frenarla, algo que ni la pandemia de la COVID-19 ha podido hacer.

Este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres, hacemos un llamado a que exista una reparación del daño que las mujeres han recibido al negarles históricamente el reconocimiento y acceso al ejercicio pleno de sus derechos, como el derecho a vivir una vida libre de violencia que, desde una cultura heteropatriarcal y de forma estructural y sistemática ante el derecho de organizarse para la exigencia de sus derechos, se les ha reprimido, coaccionado, silenciado, vejado, invisibilizado, juzgado, relegado, tanto en los hogares como en los centros de trabajo, en la vía pública, en las ciudades, en las comunidades, en los servicios públicos y en los privados.

En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres se invita a socializar con la población que acompañamos y nos acompaña, la serie de recursos audiovisuales y gráficos difundidos en los 16 días de activismo, comenzando el 25 de noviembre, a través de los distintos espacios como:

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En un ejercicio de sumar a la eliminación de la violencia contra las niñas, adolescentes y las mujeres, invitamos a la construcción de un mundo en el que las personas, sin ninguna distinción de religión, nacionalidad, género, pertenencia a un grupo social u otra causa de exclusión, se puedan desarrollar, conviviendo bajo los valores de la paz y la solidaridad, en el pleno reconocimiento y ejercicio de sus derechos humanos.

Bajo esta premisa, visibilicemos las violencias a las que todas las mujeres están expuestas y visibilicemos a las mujeres en movilidad (desplazadas internas, apátridas, solicitantes de asilo, refugiadas y mujeres sujetas de protección complementaria). Asumámonos como quienes cotidianamente construyen y pueden hacer un mundo posible sin violencia.

 

Las autoras son integrantes de la colectiva de trabajadoras humanitarias de Programa Casa Refugiados A. C.

Imagen: Thalía Lilián Pacheco Hernández

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