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Solidaridad ante la incertidumbre

22 mayo, 2021 | 0 Comments

A medida que transcurre el 2021, se hace evidente el sentido de la frase Solidaridad ante la incertidumbre, misma que en Casa Refugiados hemos considerado oportuna como lema para acompañar, animar e iluminar nuestro caminar en el complejo, inédito e incierto contexto que afrontamos.

Los efectos de la crisis sanitaria del covid-19 han agudizado los problemas de salud del sistema global, en cuanto a organismo vivo que, ya desde antes, padecía una crisis económica, ambiental, social y política. Hemos sido testigos de muy diversas lecturas, pronósticos y tendencias, presentadas desde diferentes miradas al inicio de la pandemia (que algunos prefieren llamar endemia). Entre la amplia gama de horizontes, basta contemplar tres de ellos, que se describen a continuación:

Horizonte de Gaia: Planteado al inicio del covid-19 por quienes consideraban que teníamos el reto de permanecer encerrados un par de semanas, en las cuales, mientras el ser humano reducía sus emisiones de contaminantes, la sabia madre naturaleza Gaia se encargaría de reestablecer el equilibrio perdido; esto se manifestaba, entre otras maneras, con el regreso de los delfines a Venecia, y de alces y lobos en algunas ciudades de Canadá. Desde esta postura, se mira con ilusión una nueva era sobre la tierra, en condiciones de armonía y equilibrio pleno.

Horizonte de crisis: A medida que la crisis sanitaria se alarga y agudiza, algunos plantean que entramos en una crisis mundial sin precedentes y para la cual no estamos suficientemente preparados. Desde este horizonte se espera una nueva normalidad, que implica, en buena medida, un regreso al mundo como pensábamos conocerlo.

Horizonte de colapso: Más allá de una crisis, para otros analistas, vivimos un colapso del sistema mundo como lo conocíamos en lo referente a sus estructuras políticas, económicas y sociales, además de considerar inminentes retos relacionados con la grave crisis medioambiental y una posible confrontación con armas nucleares. Esta perspectiva considera que, a diferencia de otros momentos de colapsos en la historia humana que significaron transiciones a otros modelos, en el actual no se vislumbra un modelo que lo reemplace.

Ciertamente, puede ser pretencioso intentar pronosticar qué va a suceder ante el contexto actual, sin embargo, es oportuno reflexionar sobre el acompañamiento humanitario y la construcción de paz, contemplando el horizonte desde las siguientes tres posibles tendencias con diferentes formas y niveles de lucha:

La resistencia para la transformación:  Desde un horizonte en el cual, a pesar de complejos retos y en condiciones de diferentes violencias ꟷeconómicas, sociales, políticas, entre otrasꟷ, el acompañamiento humanitario puede hacerse presente a lo largo de la ruta de atención de víctimas de violencias, en la recepción, la atención y la integración, para promover, mediante el ejercicio de derechos, condiciones de resiliencia que les permitan asumirse como agentes de cambio, junto con otros actores locales en los lugares de llegada y, así, transformar las condiciones de violencias y del cuidado del medioambiente, que nos colocan a todos en posición de mayor o menor vulnerabilidad.

La resistencia paliativa: Desde un contexto de crisis humanitaria, ante el cual, debido a las condiciones de severo deterioro, ya no es posible que los Estados aseguren el ejercicio de derechos que garanticen acceso a una vida digna, ni de un horizonte que promueva condiciones para la integración, entonces, el acompañamiento humanitario se hace relevante y significativo para las víctimas, logrando paliar necesidades básicas relacionadas, entre otras, con el acceso a suministro de ayuda humanitaria, despensas, servicios básicos de salud y la comunicación con sus seres queridos.

La resistencia extrema: Incluso en condiciones de colapso y caos generalizado, ante la incapacidad de proveer la más mínima ayuda humanitaria, o ni siquiera poder vislumbrar la capacidad o la voluntad por parte de autoridades o instituciones con mandato para proteger la seguridad y la integridad de las víctimas, el acompañamiento humanitario seguirá siendo la clave ꟷaún mediante la escucha impotenteꟷ para ejercer  la humanidad, la dignidad y el acompañamiento mutuo, pudiendo ser la última  razón  antes de  la  experiencia extrema del abandono, la desolación y el sinsentido.

Estos potenciales escenarios son, en realidad, experiencias diversas de contextos históricos recientes en el trabajo humanitario, mismo que, desde la perspectiva de Casa Refugiados, se hace necesario resignificar como acompañamiento humanitario.

Es entonces que, ante estos posibles escenarios, en Casa Refugiados queremos acompañar a personas en condición de desplazamiento forzado en el desarrollo de su proyecto de vida, para contribuir, como agentes de cambio, en la construcción de paz.

La solidaridad tejida en equipo y en redes nos anima ante la incertidumbre.

 

 

1 El autor es fundador de Programa Casa Refugiados y presidente de su Consejo directivo.

 

Imagen: José Luis Loera.

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