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Una historia sobre niñez y libertad: a cien años del natalicio de Nelson Mandela.

18 julio, 2018 | 0 Comments

“No se debe juzgar a una nación por cómo trata a sus miembros más encumbrados, sino por cómo trata a los más humildes.”1

 

Hace cien años nacía un niño de una comunidad denominada Xhosa, en el territorio de Sudáfrica. Siguiendo las tradiciones de su comunidad, este niño estaba destinado a ser consejero de los gobernantes de su tribu. Su primer nombre era Rolihlahla; los no miembros de la tribu le reconoceríamos después como Nelson Mandela.

 

Un niño que, según su propia narración, vivió en una familia sin necesidades extremas. Aun con carencia de recursos económicos, describió alegría, esperanza y amor en su formación, y asumió que su aprendizaje se basaba en la observación y en la imitación, en lugar de cuestionar los sucesos de su realidad y las decisiones de los adultos de su tribu. Él narra un pasaje de sus siete años frente a su padre y señala:

 

“Mí padre cogió unos pantalones suyos y los cortó a la altura de la rodilla. Me dijo que me los pusiera, y así lo hice. Su longitud era más o menos la adecuada, aunque me estaban demasiado anchos. Mi padre sacó entonces un trozo de cordel del bolsillo y me lo ciñó en torno a la cintura. Debía ser un espectáculo cómico, pero nunca me he sentido tan orgulloso de ningún traje como de aquellos pantalones de mi padre”.2

 

Madiba, como algunas personas le decían por respeto a su herencia en su país, fue uno de los principales impulsores de la libertad frente a los distintos tipos de imposiciones —no únicamente el tema racial—, lo que le llevó a transformar la realidad de su región y a ser una persona que decidió tomar acción por la esperanza, frente a una realidad que parecía constantemente repetirle que no podía seguir adelante. Como lo mencionó Barack Obama: “Su vida cuenta una historia inversamente proporcional al cinismo y la desesperanza que tan a menudo aflige nuestro mundo”.3

 

En lo particular, el personaje me lleva a pensar en la niñez que ve sus capacidades frustradas.  Más allá de las circunstancias, hay que asumir los deberes sociales que tenemos como adultos, ya que toda persona, por mucha o poca solvencia económica que pueda tener, e independientemente de su origen, debe contar con la posibilidad de desarrollo humano y personal, para que posteriormente, frente a sus libertades, tenga una oportunidad de elegir de cara a la violencia que cada día parece más estructural.

 

Hoy, según datos de UNICEF a nivel global, a finales de 2015 había 15 millones de niñas, niños y adolescentes (NNA) desplazadas por violencia4. La realidad es que el número sigue en aumento y las condiciones en las cuales las NNA arrancan un camino parecen no dirigirse hacia ningún lado. El poder dignificar, empoderar, atender, visibilizar y responder adecuadamente a la garantía que porta la niñez debería ser una posición desde la cual todas las personas tendríamos que asumirnos.

 

El niño Rolihlahla que nace hoy debería tener mejores condiciones que las del niño que nació hace cien años, de acuerdo con los números y los indicadores de desarrollo de la región, pero la realidad es que no hay tanta distancia entre uno y otro; probablemente se tendría que desplazar de igual forma y luchar contra los estereotipos, contra lo establecido. Uno de los mensajes que heredamos es el de un ser humano que es igual que cualquier otra persona, que tuvo la voluntad y la esperanza de confrontarse por su libertad.

 

Las NNA en situación de movilidad por violencia luchan todos los días y nos demuestran que tenemos que transformarnos y cuestionarnos cada día para visibilizar las necesidades y las prioridades alrededor de nuestra comunidad para protegerles. Un mensaje central en el ejemplo de vida de Mandela es construir alternativas con enfoque de paz frente a aquellas cosas que no se van a brindar automáticamente ni de manera natural y por las cuales es indispensable ejercer nuestras libertades.

 

Finalmente, esta es una postura frente a realidades locales que se tornan cada día más complejas; una posición que lucha por una realidad distinta para todas las personas; una visión que un niño de campo fue construyendo día a día sin rendirse y que decidió en sus posibilidades buscar la libertad. En sus palabras:

 

“He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He alimentado el ideal de una sociedad libre y democrática en la cual todas las personas vivan juntas en armonía y con iguales posibilidades. Es un ideal por el cual espero vivir. Pero si es necesario es un ideal por el cual estoy dispuesto a morir”.5

 

 

Notas:

 

1 Mandela, Nelson. El Largo Camino Hacia La Libertad. Trad. Antonio Resines y Herminia Bevia. Editorial Aguilar. México. 2013. Pag. 211.

2 Op Cit. Pag. 25.

3 Mandela, Nelson. Conversaciones conmigo mismo. Trad. Eva Robledillo y Ana Isabel Sánchez. Editorial Planeta. México. 2013. Pag. 13.

4 UNICEF. Desarraigados. EUA. 2016. Pag. 4.

https://www.unicef.es/sites/default/files/comunicacion/desarraigados.pdf

5 Mandela, Nelson. No es fácil el camino de la libertad. 2ª reimpresión. Trad. Francisco Perujo. Editorial Siglo Veintiuno, México. 2016. Pag. 222.

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